Perdí mi corazón en el centro de un complejo laberinto y no recuerdo la ruta ni existe un hilo de Ariadna que me guíe. Se comieron las migas los pajaritos y una bruja de dedos largos y huesudos me hunde el índice entre las costillas para ver si estoy a punto y descorazonada irremediablemente.
La vieja se ríe quedamente, sabedora de que mi mal no tiene fin, cazadora de imposibles, solitaria y nómada hasta cuando mis huesos sean polvo mezclado con el viento.
El milagro de la naturaleza en todo su esplendor.
ResponderEliminarBesos.
Una nueva estación y una manera distinta de ver el mundo.
ResponderEliminarUn beso.
La naturaleza sigue su curso de manera casi suicida. No importa lo mucho que nos empeñemos en estropearla, ¿verdad?
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