Mordí el verano
Y era fruta pasada.
Hojalata caliente.
Carne sudada
subiendo en ascensor
a la planta de saldos.
Las adelfas del mal
desprendian perfume
bajo el ardiente sol
¿Como puede el veneno
oler tan dulce?
Entre plástico hinchable
los cayucos repletos
de sueños y de muertos
dibujaban la postal
ideal para enviar
a los amigos.
Pedí un eclipse,
una noche clemente
PARA TAPARLO TODO.
Queda sin tapar el verano,
ResponderEliminarno hay palabras que lo oculten.
Besos.
Esperar un eclipse cuando lo que vemos nos causa escozor es temblar frente a la realidad y, es que el veneno huele dulce para atrapar los pocos buenos que van quedando.
ResponderEliminarMuy buen poema.
Besos
Todo el mar lleno de sueños y muertos.
ResponderEliminarY no pasa nada...
Qué horror de mundo.
Tanto dolor mutila el alma.
ResponderEliminarHablamos de los derechos de los animales y miramos a otro lado cuando estos náufragos de sueños perecen en las aguas del Mediterráneo y el Estrecho. Parece que la idea de seres humanos de primera y de segunda sigue vigente, pese a que fue abolida la esclavitud.
Un beso.
El verano nos trae muy buenos momentos. Saludos
ResponderEliminarQuizás no huela el Verano, quizás olamos nosotros, a derrota, podredumbre y descomposición... lo que pasa es que hemos dejado de notarlo.
ResponderEliminarTienes razón: El olor de la adelfa no presagia el veneno.
ResponderEliminarSaludos.