O sería mas certero decir:
no hubo un mal mayor,
un daño grave.
Pese a los desencuentros,
a la desazón de aquellos días,
al desgarro de tener que dejar
lo que ya no era goce,
ni dulce estancia...
pese a la intensa soledad
del último minuto.
Frente a la posibilidad de que murieras
por las avenidas de la memoria
como un río incontenible
llegó la risa compartida.
Los charcos de la lluvia
duplicando farolas
(era noche en Madrid)
y la aventura.
Volví a ver la luna llena
velando el galope de caballos salvajes,
el lánguido flotar
de las medusas de colores
allá en el sur,
mirando el agua azul
desde un acantilado.
La increible pureza del trazo de tu lápiz
en aquel retrato que hiciste de mi madre.
Un botón rojo con mi mote pintado
-nunca volví a usarlo-
Y me invadió la música
bailábamos juntos a la luz de un farolillo
que sostuvimos hasta que se apagó,
como lo nuestro...
De pronto me dí cuenta
de que tanto desastre,
tanto fracaso sopesado
una y otra vez,
tanto olvido
no eran como creía:
una corriente suave y poderosa
venía hacia mí desde mí misma,
barriendo,como una riada
todo vestigio de mezquina negación
toda la contracción del desencuentro
y te traía,
joven y espléndido
hasta el presente
Donde ahora te tengo.
Este poema lo escribí hace un tiempo y aunque ahora ya no estás no hay nudo que desatar.Solo la memoria límpida y el agradecimiento.
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