Una de mis canciones preferidas de Prince.
Un loco y genial saltimbanqui columpiándose en mi oscuridad.
Es de noche.Y llueve...
Perdí mi corazón en el centro de un complejo laberinto y no recuerdo la ruta ni existe un hilo de Ariadna que me guíe. Se comieron las migas los pajaritos y una bruja de dedos largos y huesudos me hunde el índice entre las costillas para ver si estoy a punto y descorazonada irremediablemente. La vieja se ríe quedamente, sabedora de que mi mal no tiene fin, cazadora de imposibles, solitaria y nómada hasta cuando mis huesos sean polvo mezclado con el viento.
Una de mis canciones preferidas de Prince.
Un loco y genial saltimbanqui columpiándose en mi oscuridad.
Es de noche.Y llueve...
La casa conservaba su olor
Había una reja oxidada
que chirriaba con el viento
El viento siempre soplabaUna colina de trigo dorado y maduro
Que grato es repetir esto...
Era un laberinto sin Minotauro
y tú y yo desenredábamos el ovillo
de la memoria.
En su núcleo la infancia compartida:
yo te guiaba cuando te perdías
tú a mí cuando no encontraba el camino.
Era extraño ver esa rèplica de mi cara en la tuya
-¿o viceversa ?
pero tus ojos de un inconcebible verde claro
rompían el espejo,los míos son marrones.
Tanto tiempo hermano...tanto
y en un segundo se saltaron abismos.
Mientras el mar sonaba mansamente
en la oscuridad, más allá del ventanal
compartimos la cena con generaciones.
Los espíritus danzaban alrededor de la mesa...
Y estoy segura: brindaban por nosotros.
Me expando
bajo la loca espuma
de una antigua glicina
nacida en un jardín