Perd铆 mi coraz贸n en el centro de un complejo laberinto y no recuerdo la ruta ni existe un hilo de Ariadna que me gu铆e. Se comieron las migas los pajaritos y una bruja de dedos largos y huesudos me hunde el 铆ndice entre las costillas para ver si estoy a punto y descorazonada irremediablemente.
La vieja se r铆e quedamente, sabedora de que mi mal no tiene fin, cazadora de imposibles, solitaria y n贸mada hasta cuando mis huesos sean polvo mezclado con el viento.
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