Me expando
bajo la loca espuma
de una antigua glicina
nacida en un jardínde esos de antaño
donde enloquecen las abejas
y mi nariz,
entre el perfume azul
que alguien en estado de gracia
le concedió a esta flor
para adornarla.
Se esponjan los gorriones
entre las ramas,
bajo las ramas,
y yo no puedo creer
tanta belleza.
Me esponjo como ellos
y soy leve...
El viento me levanta
hasta un muro de piedra.
Sólo una línea recta,
contra el azul purísimo.
Y en esta tarde
-abril no es cruel-
arde mi vagabundo corazón
en amapolas.
Y tiende, como el ágave
a la luz
que lo alimenta.
4 comentarios:
Y yo en cambio a bofetadas con el polen.
Dos primaveras diferentes la tuya y la mía.
Besos.
la naturaleza en todo su esplendor... aunque el polen sea nuestro enemigo, Toro Salvaje, no deja de ser un gran espectáculo, ¿no te parece?
Una naturaleza en plena magnificencia.
Alergías aparte. ;)
Besos.
Sé de lo que hablas. Mi glicinia está en flor, tiñe todo de hogar y pone color a la primavera.
Un beso.
Publicar un comentario