23.4.26

Vagabundeando...

 Me expando

bajo la loca espuma

de una antigua glicina

nacida en un jardín

de esos de antaño

donde enloquecen las abejas

y mi nariz,

entre el perfume azul

que alguien en estado de gracia

le concedió a esta flor

para adornarla.

Se esponjan los gorriones

entre las ramas,

bajo las ramas,

y yo no puedo creer

tanta belleza.

Me esponjo como ellos

y soy leve...

El viento me levanta

hasta un muro de piedra.

Sólo una línea recta,

contra el azul purísimo.

Y en esta tarde

-abril no es cruel-

arde mi vagabundo corazón

en amapolas.

Y tiende, como el ágave

a la luz

que lo alimenta.

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