Que grato es repetir esto...
Era un laberinto sin Minotauro
y tú y yo desenredábamos el ovillo
de la memoria.
En su núcleo la infancia compartida:
yo te guiaba cuando te perdías
tú a mí cuando no encontraba el camino.
Era extraño ver esa rèplica de mi cara en la tuya
-¿o viceversa ?
pero tus ojos de un inconcebible verde claro
rompían el espejo,los míos son marrones.
Tanto tiempo hermano...tanto
y en un segundo se saltaron abismos.
Mientras el mar sonaba mansamente
en la oscuridad, más allá del ventanal
compartimos la cena con generaciones.
Los espíritus danzaban alrededor de la mesa...
Y estoy segura: brindaban por nosotros.
5 comentarios:
El poema es sentido, hermoso y emotivo.
No digo nada más porque es muy íntimo.
Besos.
Por supuesto que brindaban conjuntamente.
Besos.
un poema que toca dentro, muy dentro. Gracias por compartirlo.
Un abrazo
Que maravilla de versos. Un abrazo
Un poema que toca la fibra y nos remite al pasado, a una familia numerosa.
Un beso.
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