Mi infancia es un árbol de Judea detrás de la ventana.
Perdí mi corazón en el centro de un complejo laberinto y no recuerdo la ruta ni existe un hilo de Ariadna que me guíe. Se comieron las migas los pajaritos y una bruja de dedos largos y huesudos me hunde el índice entre las costillas para ver si estoy a punto y descorazonada irremediablemente. La vieja se ríe quedamente, sabedora de que mi mal no tiene fin, cazadora de imposibles, solitaria y nómada hasta cuando mis huesos sean polvo mezclado con el viento.
Recordándote. Casi en tu aniversario.Viejos escritos en los que te rescato.
Un sol enorme rojosandía y las colinas recortadas en negro sobre el cielo púrpuranaranjarosa y una neblina extraña cayendo sobre las viñas oxidadas que esperan la poda y yo de paquete en una moto a toda pastilla por cuestas y curvas y era como estar en Marte el planeta rojo y ser marciano, un marciano incendiado con cuatro brazos dos troncos dos cabezas con casco y dos ruedas y daban ganas de levantar los brazos y aullar porque el universo a veces es tuyo y te hace generosos regalos sólo para tus ojos.
Mas abajo, lo juro, el mar era blanco...los marcianos existen, doy fe y son felices
Nómadas.
Ambos tenían las cuerdas de la música
que trepaba por la pared de piedra
como una poderosa enredadera.
Los dedos de él golpeando la madera
del violoncello
y ella al violín lanzando
su voz:
flores ardiendo en el otoño
en Barcelona.
Había ángeles mirando,
lo sé.
Y naves invisibles surcaban el espacio
buscando la gloria...
El aire estaba quieto y transparente
y sin embargo
pequeñas plumas blancas
bailaban afiebradas
y la gárgola excitada
maldecía la inmovilidad de su carne.
Los cuerpos relajados
con la tensión exacta
de la pureza
y aquel idioma extraño
que me condujo
a caminos de exilio
y a manadas de lobos
corriendo bajo la luna...
Una chica de rojo
se balanceaba en trance
mientras mis pies luchaban
por despegarse del suelo...
y llevarme, doliente,
de aquel vórtice
de luz surgido en el caos.
Al fondo, la cinta azul del mar.
Muy cerca, un abejorro sobre la flor de maracuyá.
Mordí el verano
Recupero este poema de hace tiempo.Estos días todo parece girar sobre cómo acercarse al vuelo final.
Las flores de las habas
estallan en blanco y en azules
bajo el sol de febrero.
Los gordos abejorros
hermoso tornasol oscuro
zumban entre néctares,
bailando afiebrados
la danza de la cópula.
Siento
la maravilla de la creación
algo ebria también yo
bajo este sol.
El infierno existe y está en este mundo.
La deshumanización, la indiferencia, las acciones de los gobiernos que seguimos eligiendo una y otra vez pese a sus políticas inhumanas, parecen sobrepasar cada día límites impensables.
Hora a hora muere la esperanza.
La muerte se frota las manos con su última cosecha.
Tenía en el corazón un jardín sombrío
Con fantasmas de niños jugando en el laberinto
Llovía en el centro del solHoy me perdí en el bosque
Últimamente me pierdo más y más
Un prado estallando en amarillos
Amado diente de león,
cómo me calmas!
Los abejorros lujuriosos
Copulando en el aire...
Y la bruma...
Un día seré bosque
Y no volveré
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